Diario de una viña, la revolución de la vendimia

Decenas de manos, maquinaria sofisticada, un sinfín de personas por aquí y por allí, de día, de noche…

 

Ahora que es tiempo de vendimia, no hay quien descanse. Es la época del año con más trasiego por aquí. El resto del tiempo, los ingenieros, los enólogos, vienen, nos cuidan, nos vigilan, pero son solo ellos. Así que el ambiente es más tranquilo y no estamos tan estresados.

Nuestra vida en general es tranquila. Con días mejores y peores, como nos pasa a todos, con algunos bichillos que se acercan, unos con peores intenciones que otros, dicho sea de paso, a veces con sol, otras con lluvia… Vamos, lo normal en una viña.

Pero estos días son la revolución. ¡Parece que se acabara el mundo!!! Ya sabemos que es lo que toca,  y aunque todos los años tiene que pasar, nos cuesta acostumbrarnos a esta hiperactividad, y a la paz que se altera.

Cierto es que tiene su punto, hay que reconocerlo. Porque, aunque echamos de menos nuestro día a día, de vez en cuando no está mal que haya algo que altere la rutina. Así la viña tiene más vidilla.  Y eso está bien. Y además vemos otras caras, y, hay que  decirlo, nos tratan con mucho cariño.

No podemos evitar vivir con nerviosismo todo esto, porque sabemos de la responsabilidad que supone la vendimia. Luego en las bodegas tienen que hacer el vino, y claro, tiene que ser excelente y por eso procuramos portarnos bien durante todo el año para que nos sigan cuidando y queriendo nuestros frutos.

Seguro que muchos habéis estado en alguna, pero, si no, os invitamos a venir para que nos saludéis y veáis lo a gustito que estamos en la viña, y lo bien que nos llevamos cepas, uvas, tierra, agricultores… Somos como una gran familia.  Un poco peculiar, pero familia al fin y al cabo.